martes, 27 de enero de 2009

CUIDADO BÁSICO DE LOS CACTUS



Las cactáceas componen la especie más conocida de las plantas suculentas, que se caracterizan por sobrevivir en condiciones de extrema sequía, gracias a su capacidad de acumular agua en sus tallos, hojas o raíces. Además, los cactus tienen como rasgo distintivo las púas que suelen recubrirlos. Aunque tienen su origen en América, se han extendido por todo el mundo, y cobran cada vez más importancia como planta de interior, tanto sin flores como con ellas, en los más variados tamaños, formas y colores.

Amantes de la luz y el calor, no requieren excesivas atenciones, aunque para mantenerlos en buenas condiciones durante mucho tiempo hemos de proporcionarles unos cuidados básicos y prestar atención a las enfermedades y plagas.

Aprende a cultivarlo

Los cactus se reproducen por semillas, que podemos adquirir o recoger nosotros mismos de los frutos; en este caso, tras la recolección, se extraen las semillas del interior y se conservan en papel poroso. Han de estar en perfecto estado, ya que, de lo contrario, el ejemplar no se desarrollará.

El sustrato debe estar bien drenado y ser permeable, para que no se acumule excesiva humedad, que perjudicaría al cactus y probablemente, lo mataría. La mezcla de diferentes tierras depende de la variedad que tratemos y de las condiciones climáticas. Una de las más habituales es unir una tercera parte de turba rubia, otra de arena gruesa y otra de carbón vegetal molido, que además será un elemento destacado en la prevención de los hongos. Por supuesto, es posible adquirir la tierra ya preparada.

La plantación la realizaremos en pequeños recipientes. En el fondo colocaremos gravilla, que permitirá un buen drenaje. A continuación dispondremos una capa del sustrato preparado. Se esparcen las semillas, con un poco de agua, y se cubren con arena gruesa. Para una buena germinación, es necesario proveer humedad; es adecuado cubrir el recipiente con un plástico transparente. Cuando haya brotado, lo trasladaremos a un recipiente mayor, con cuidado de no dañar las raíces.

Asimismo, los cactus también se reproducen por esquejes. Cortaremos una ramificación del ejemplar, dejaremos que cicatrice y los plantaremos en el sustrato.

Riego y abono

Es importante tener en cuenta que las cactáceas soportan mucho mejor la falta de agua que el exceso de ésta. Una humedad demasiado alta hará morir la planta rápidamente. En cambio, su carencia puede resolverse, ya que percibiremos los síntomas poco a poco: un terreno demasiado seco, o que el cactus adquiera un tono amarillento.

Además, es preferible aportar una buena cantidad de agua de vez en cuando que muy poco a diario. Regaremos sólo cuando el terreno se haya secado por completo. El agua lo echaremos en el sustrato, y evitaremos mojar el ejemplar. Es adecuado añadir abono para garantizar el buen desarrollo; variará en función de la especie.

Cuidado con su salud

Los cactus no están libres de padecer enfermedades y plagas. La mejor forma de combatirlas es la prevención. Para evitar los hongos, se fumigará un par de veces al año; si los hongos ya han actuado, debido a una humedad excesiva, lo percibiremos en su aspecto, ya que estará recubierto con una pelusa blanca. Para remediarlo, lo retiraremos de su ubicación actual y la colocaremos en un lugar aireado, además de añadir un producto específico.

Las cochinillas también perjudican a nuestra suculenta; lo sabremos cuando aparezcan bultos parduscos; un remedio casero es, tras rasparlos, aplicar una solución preparada con un litro de agua y jabón blando y alcohol de quemar diluidos. Los pulgones y la araña roja también son enemigos de los cactus. Para eliminarlos, utilizaremos jabón líquido con agua en el primer caso y un producto específico en el segundo.

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